¿Para qué ser aquél caballero dulce que todas buscan si acaban quedándose con la tempestad y malicia de un villano corazón? Cada cual buscando su amor por aceras ebrias, por suelos desgastados con el tiempo. Y yo sentando en un banco observando cómo parejas pasean delante de mí cogidos de la mano y me pregunto cuántos corazones habrán tenido que sufrir o cuántos sufren por ese amor. Todo ésto seguido de "Nada importa si tú eres feliz", pero es mentira. Somos demasiado ególatras como para permitir que la causa de la felicidad de la persona que amamos sea otra que no nuestra.
Lo cierto es que me avergüenza decir que soy una persona fiel. Que soy alguien capaz de decirte todos los días cuánto te quiero. Soy de aquellas personas que cada día te haría sentir más y más especial. Soy tan detallista que recordaría el primer día en que nos vimos. El primer abrazo. El primer beso. Tan detallista que recordaría tu comida favorita, tu lugar especial. Recordaría cada cosa que te hace sonreír como cada cosa que te hace enojar.
Que si me avergüenza es por todos aquellos que ríen al descubrir en mí parte tan emotiva. Pues dicen que siendo así, un amor nunca se consigue.
Esperaré entonces. Volveré a sentarme en el mismo banco día tras día. Escucharé las mismas risas una y otra vez. Lloraré sentado para morir de pie. Esperaré con rosa roja en mano a que alguien sea capaz de olerla aún así marchita. Aguantaré la humillación de que me llamen tonto por afable.
«...el día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente casa instante, lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro, examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida».