¿Qué te parece?

miércoles, 8 de agosto de 2012

Caída libre.


''Ya sé que no nos fuimos. Que nunca volveremos. Ya sé que cambiamos tantas cosas como tantas perdimos. Cuando combatimos en guerra no luchamos sólo por una nación. No es sólo la patria de un país la que se defiende. Uno lucha hasta el final en contra de la decepción. Al otro lado siempre hay alguien con las expectativas puestas allí arriba. En lo alto. Donde es imposible llegar. Por eso al caer siempre nos parece precipitarnos hacia un suelo más profundo.
   El ego. La superación. Benévola escalera sin destino. Miento. Única escalera que te eleva en la gracia del vocablo y te lanza hacia las pedregosas y afiladas labias furtivas de la sociedad. Y cuando caes, pocas veces lo haces sobre una superficie acogedora. Siempre tenemos amargas palabras para el villano. Pero más lascivas son las del amigo cuando sólo tiene ojos para la derrota.''



sábado, 28 de julio de 2012

Pétalos de piedra

Pétalos de piedra 
yacen en un jarrón de ilusiones. 
Regar con lágrimas, 
sólo los humedece. 
Ignorándolo, 
se pudre cada efímera ilusión.

lunes, 23 de julio de 2012

Una lucha inexpugnable.

Eran las cinco de la mañana y no podía dormir. Fue a la cocina y se preparó un vaso de colacao. Calentó la leche. Mientras tanto, observaba el microondas cómo apaciblemente y sin prisa daba vueltas y más vueltas.. Fue allí cuando se sumergió en una sumisa brisa de recuerdos. Cerró los ojos con fuerza. Recordó aquella tarde en la playa. Caminaba por la arena. El agua tocaba sus pies dejándolos algo gélidos por el viento que soplaba de tramontana. Alzó la vista y miró hacia el mar. Un barco en la linea del horizonte lo cautivó. Tropezó y cayó. Un gran bulto de arena lo tiró. Vio que sobresalía lo que era la punta de una caja. La desenterró. Era una caja muy bonita pero la arena le estropeaba la belleza. El ruido del microondas le sobresaltó. Abrió los ojos y sin moverse seguía mirando el vaso. Volvió a recalentar la leche. Se sentó en la silla y volvió a cerrar los ojos. Esta vez estaba en el desván. Sentado en un viejo colchón. Abrió la caja y una luz intensa le cegó.
 Cerró la tapa de golpe. El corazón le latía a mil por hora, pero volvió a abrirla esta vez no abriendo los ojos del todo. Los achinó y con una mano evitaba que le tocaran directamente a los ojos. Sacó un trozo de papel que había dentro. ''Si el tesoro de Villaverde quieres encontrar, busca la llave del cofre para abrir la pregunta más deseada. Recuerda que no todas las preguntas están en el mar, sino en sus proximidades más allegadas''.


Éstas fueron las palabras escritas en aquél trozo de papel.
De nuevo el ruido del microondas le sobresaltó. Fue a coger el vaso, pero estaba tan caliente que tuvo que dejarlo caer. El ruido del cristal estalló contra el suelo. No se movió. Se quedó pensando. Corrió hacia el desván. Cogió la nota que había escondido junto al arcón. Lo leyó varias veces. Fue a su habitación, se vistió con lo primero que encontró. Cogió una linterna y se apresuró a llegar a la playa. Camino por la orilla alrededor de una hora. Al fin llegó. Se paró frente a la ribera y observó la entrada a una cueva que había en la otra punta de la playa. Se quitó los zapatos, se arremangó los pantalones y caminó hacia ella. De nuevo volvía a sentir el agua gélida.


Un escalofrío le recorrió el pecho. Cayó de rodillas. Una luz le golpeó los ojos. Al abrirlos, vio que estaba en la playa justo donde había encontrado el cofre. Se levantó. Sacudió la arena de sus rodillas y se giró. Allí estaba. El mismo montón de arena con la misma punta de la caja sobresaliendo de la grava polvorienta.


Se puso blanco. Volvió a desenterrarlo. Se dirigió a casa. Lo abrió. La misma luz, el mismo papel. Las mismas palabras.


Acaeció la noche. Con los mismos harapos salió de casa a hurtadillas. Fue hasta la entrada a la cueva. Respiró hondo. Cerró los ojos y empezó a caminar empapándose los pies. Algún que otro pez rozó su piel. Eso le sobresaltaba. Volvió a caer de rodillas. La misma luz, la misma arena, el mismo cofre.


Así sucesivamente lo que pareció una semana. El tiempo pasaba muy deprisa. No recordaba lo que hacía en grandes intervalos de tiempo. Se convenció de que sería la última noche que lo intentaba. Cogió sus cosas y se dirigió al mismo sitio que había estado visitando todos esos días. Ésta vez se sentó a la orilla. Observó la entrada a la oscuridad durante un par de horas. Sacaba y guardaba la nota una y otra vez. Releyéndola. Memorizándola. No entendía qué hacía mal.


Buscaba algún tipo de juego de palabras. Pero no encontraba nada. No veía nada extraño en aquella agua. En aquél aire.


Al fin se rindió. No entendía las preguntas. No infería las respuestas. Estrujó la nota y la tiró al mar. Con paso decidido volvió a adentrarse en aquél piélago. A mitad de caminó un fuerte pinchazo le aturdió el corazón. Ésta vez había llegado más lejos. Miró hacia la cueva y vio una luz. Entonces escuchó voces. Susurraba su nombre. Cada letra se la iba llevando el viento. Se quedaba sin fuerza. Sentía que cada miembro del cuerpo se empezaba a dormir. Estrepitosamente cayó de espaldas. El ruido del oleaje ensordeció la caída.
Todo estaba oscuro. Empezaba a faltarle el aire. Bruscamente abrió los ojos y se sentó de golpe. Todo le daba vueltas. El cuerpo le convulsionaba. Se acercaron dos hombres y una mujer. Vestidos de blanco. Le cogieron por los brazos e intentaron tumbarle. La mujer le clavó una aguja. Empezaba a tranquilizarse. De pronto sus padres entraron por la puerta. Sin saber por qué lloraban. Su madre abrazaba a su marido con fuerza.
Todo se volvió mucho más nítido. Todos le miraban. En su perplejidad, les devolvía la mirada. parecía muy confusa y perdida a la vez. Sus ojos se pararon en la mesa al fondo de la habitación. En él había una caja. Muy parecida al cofre. Pese a no estar muy lejos, no podía distinguirla.


Uno de los médicos se acercó a la ventana haciéndole gestos a su padre para que fuese a hablar con él. Su madre se acercó y empezó a darle besos por toda la cara. Pero era incapaz de mirarle a los ojos. Simplemente, lloraba. Cuando su llanto cesó y se hizo más leve, no pudo evitar escuchar parte de la conversación que tenían el doctor y su padre.
''Se ha despertado del coma, podrían haber secuelas. Es imposible que en ese estado le hagan ningún tipo de preguntas. ¡Por el amor de dios!'', decía su padre. A lo que el médico le respondía, ''Lo comprendo, pero la policía únicamente hace su trabajo. El accidente ha podido no ser tan accidente, entienda eso.'' No agradó demasiado la respuesta a su progenitor. ''Y una mierda, accidente.''
Eso último no lo entendía. No sabía por qué estaba allí. Sólo quería saber dónde estaba la entrada a la cueva.
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Pasaron los días. Cuando las enfermeras no estaban o era de noche, siempre se levantaba e intentaba abrir el cofre. Pero no encontraba la llave. No sabía cómo abrirlo. Intentaba recordar pero no aludía ningún pensamiento a ninguna llave.


Al fin le dieron el alta. Desde que salió del hospital no dijo ni una sola palabra. Sólo quería llegar a casa y que todos durmieran para poder salir. Y así lo hizo.Fue hasta la playa e intento encontrar aquella cueva. Cosa que hizo sin éxito alguno. Lo repitió varios días hasta que tres semanas después dio con el sitio.


Tenía miedo. No quería pasar por allí y volver a aparecer en la orilla de la playa, de día, junto al cofre. Así que tomó otro camino. Por los escollos.


El camino era algo rocoso. Muy estrecho. Tenía que apegarse a aquella pared pedregosa. Se resbaló un par de veces y creyó caer. Se paró en seco. Observó el mar desde aquellas alturas. Observaba el reflejo de la luna en el agua. Respiraba aquél aire con sabor a campo. Volvió a ponerse en marcha. Un escalofrío volvió a recorrerle, pero ésta vez no se desvaneció ni se desapareció. Cerró los ojos con fuerza deseando no moverse de allí.


Imprudentemente siguió caminando con los ojos cerrados. Movía los pies en línea recta. Hasta que llegó a una pequeña curva que no pudo ver. Dio el último paso pero ésta vez sin tocar suelo. Se abalanzó sobre las rocas que había en la apertura de la gruta. Se encontraba allí rozando el agua. Con los ojos abiertos, desorbitados.


El agua de vez en cuando le golpeaba la cara, pero no podía moverse. Poco a poco sus párpados se hacían más y más pesados. Hasta que volvió a desvanecerse. Al abrir los ojos se encontró delante de aquél vaso de leche dentro del microondas. Abrió la pequeña puerta. Cogió el vaso. Ardía en sus manos pero parecía no dolerle. Soportaba el dolor.


De repente su rostro expresaba felicidad. Sonreía. Creía haberlo entendido todo. Tiró el vaso al suelo y salió corriendo. Se dirigió al mismo lugar. La misma cueva, el mismo olor salino, la misma esperanza.


La misma pero última sumersión en un coma insidioso e inexpugnable del cual nunca encontraría la llave.










- En honor a @MissMiserias

martes, 17 de julio de 2012

Memorias de un no indemne #1


Quiero enseñarte el lado más oscuro que me invade. Un corazón desaforado, exhausto y sin ganas de amar. Un corazón maleado por palabras, lances. Siempre callado. Un corazón cual boca fue cosida por la aflicción. 
A su pesar, han sido años repletos de afectos nimios, trances desoladores que sólo aquél que pudo vivirlos sabe narrarlos. Años que te enseñan a personificar cada una de las palabras más intensas inventadas. Palabras encarnadas en el dolor, en el cansancio. Pues el dolor no es el mismo según el corazón.

Nadie entiende el significado de levantarse todos los días entre golpes áridos. El miedo constante a no saber vivir. Nadie entiende cual es el sabor amargo de la sangre recorriendo las encías en ayuno. Acostarse día y noche pensando que podría ser la última. Dormirse incitando a la vida a exhalar el último suspiro. Rogarle a un Dios hipotético para que te salve de lo que ningún ser humano ha sido capaz de ampararte. Una desesperación constante.


Cierro el acto con un suspiro. Suspiro que encierra mil recuerdos. Recuerdos repletos de agonías con un afán indispensable de inexistencia. Recuerdos de los que tal vez algún día, hablaré sólo para mí.

mcido

domingo, 15 de julio de 2012

Hopelessness.

Today is like those days
everybody is involved on their problems.
You begin to talk, there aren't enough word
that you can't say without feel yourself so broke.
And now is when you fall, everything is looking like so hard.
Each word you can't listen, rend your voice bringing you to die.
It is your war, it's awful and a little painful. Now begin to climb.
You are waiting here now, on this way you can't advance.

No me mires.

No me mires. Tampoco dejes de hacerlo. Quiero sentir tu mirada en mi cuello. Quiero estar sólo y anhelar lo que tuvimos. Echar de menos lo que nunca creamos. Quiero volver a respirar el aire de ciudad, aquél que de noche parece campo. Quiero olvidar que un día intenté olvidarte.

viernes, 6 de julio de 2012

Quiero que juguemos a un juego que no es tan juego.

Quiero que juguemos a un juego que no es tan juego. Sentémonos juntos a la seis de la mañana en el césped y observemos el cielo. Después, observemos nuestros cuerpos uno frente al otro. Tocar tu piel suave. Acariciarte. Escuchar tu respiración en mi cuello. Así porque sí decirte que te quiero. Quiero que juguemos a un juego que no es tan juego. Un juego sólo para dos y no para terceros. Quiero rozarte sin querer y acelerar tu corazón. Tócame como no lo haría nadie, como yo lo haría contigo. Poco a poco y con cuidado. Volviéndote una chica frágil. No tengamos argumentos ni palabras, sólo mírame así. Porque quiero que juguemos a un juego que no es tan juego. Hazme sentir especial sólo con mirarme pero no te vayas luego. La única norma en este juego es no hacer daño. Si vas a enamorarme fóllame pero promete que vas a quedarte.
¿Quieres jugar a un juego? Juguemos llamando al sexo hacer el amor. Llamando al amor dar largos paseos o pasar tiempo contigo siguiendo el contorno de tu rostro con mi dedo. Llamemos al amor darse abrazos de aquellos eternos, en los que tú escuchas en mi pecho cómo se acelera mi corazón y yo huelo tu pelo. Yo sólo quiero que juguemos que no es tan juego.

sábado, 30 de junio de 2012

Nada importa si tú eres feliz.

¿Para qué ser aquél caballero dulce que todas buscan si acaban quedándose con la tempestad y malicia de un villano corazón? Cada cual buscando su amor por aceras ebrias, por suelos desgastados con el tiempo. Y yo sentando en un banco observando cómo parejas pasean delante de mí cogidos de la mano y me pregunto cuántos corazones habrán tenido que sufrir o cuántos sufren por ese amor. Todo ésto seguido de "Nada importa si tú eres feliz", pero es mentira. Somos demasiado ególatras como para permitir que la causa de la felicidad de la persona que amamos sea otra que no nuestra. 

Lo cierto es que me avergüenza decir que soy una persona fiel. Que soy alguien capaz de decirte todos los días cuánto te quiero. Soy de aquellas personas que cada día te haría sentir más y más especial. Soy tan detallista que recordaría el primer día en que nos vimos. El primer abrazo. El primer beso. Tan detallista que recordaría tu comida favorita, tu lugar especial. Recordaría cada cosa que te hace sonreír como cada cosa que te hace enojar. 
Que si me avergüenza es por todos aquellos que ríen al descubrir en mí parte tan emotiva. Pues dicen que siendo así, un amor nunca se consigue. 

Esperaré entonces. Volveré a sentarme en el mismo banco día tras día. Escucharé las mismas risas una y otra vez. Lloraré sentado para morir de pie. Esperaré con rosa roja en mano a que alguien sea capaz de olerla aún así marchita. Aguantaré la humillación de que me llamen tonto por afable. 


«...el día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente casa instante, lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada compañero, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito del otro, examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida».

sábado, 23 de junio de 2012

Que un quiero estar solo puede ser un no me dejes.

Que un quiero estar solo puede ser un no me dejes, sólo que no me atrevo a decir que me haces falta. 
Y el único problema es que estaría contigo, pero necesito enfadarme con alguien y preferiblemente, no tú. 
Pues esto, para todos a los que les he pedido soledad.

Una de alcohol.

''Que si algo duele no hace más fuerte a la persona que lo siente. Mitos en boca de aquellos incapaces de afrontar lo poco que tienen. Todo eso es mentira. La pérdida, el dolor, el no ser correspondido; Son cosas que realmente no harán a nadie una persona más férrea. Y el que diga que sí, estará viviendo engañado. Pues engañarse a uno mismo es volverse vulnerable. Es como intentar quemar unas cuantas hojas de un libro y para apagarlo usar un vaso del más puro alcohol. Alcohol que va cubriendo página por página humedecida hasta así acabar con todo el libro, hasta que llega un momento en el que hasta la tapa se vuelve flácida. Apagas ese fuego pero queda todo cubierto de ceniza. De un polvo negro que al tocarlo mancha. Las quemaduras quedan expuestas a simple vista. Por lo tanto, vivir engañándose a uno mismo es vivir respirando con un vaso en la mano con el brazo alzado. Esperando a que se sirva la primera ronda.''



viernes, 15 de junio de 2012

Al amanecer

" El calor pierde su calidez por el color de lobreguez. Ya nada importa si los rayos de sol tocan mi piel. Pues lo odio. Quiero despertar. Encontrarme con un amanecer y pedir que se pare el tiempo. Frente a la arena y el agua sazonada como mejillas depresivas. Decir que aquí no hay nada y sentarme a observar más la nada. Quiero sentir el viento matutino que sala mis pulmones. Quiero el silencio temprano que ensordece a mis oídos. No quiero nada pero lo quiero todo. Quiero arena entre los dedos de mis pies. Sentirlos fríos, sentirme del revés. Mirar al horizonte y sonreír porque sé que más allá de aquella linea no hay nada pero está todo. Quiero bañarme cuando el agua esté helada y la brisa le acompañe. Taparme. Volver a sentarme y al pensar morder mis labios salinos. Recién salidos del piélago. Quiero detener toda esta saga de emociones como foto en un carrete. Parar el tiempo sólo para saborear cada palabra. Sólo quiero el mismo amanecer todos los días. "

martes, 12 de junio de 2012

Hola.

Hola, estoy aquí. 
Alguien que quiere ser escuchado pero que no sabe cómo hablar.

sábado, 9 de junio de 2012

miércoles, 6 de junio de 2012

Cual delfin nadando entre recuerdos.

Hoy no sé qué fue de mí ayer. Dónde poner los pies cuando el suelo no para de moverse. Miro mis manos y una cortina de humo me envuelve. No sé si fumarme o librarme de esta pesadumbre. Ya no siento con la misma intensidad el olor a madera nueva mezclada con barniz. Ya no es lo mismo oler plastidecores. Ni si quiera el olor a mar es igual. El frío del suelo al tumbarme ya no es tan agradable. Tampoco me es cálido dormir con la cara pegada a la pared. Siento que voy no recordando. Que lo que ayer era un cúmulo de recuerdos ahora es un cúmulo de olvidos. Intento no olvidar cómo era su cara. Intento recordar su voz. Llamándome repetidas veces cuando no era capaz de escucharle porque me parecía mucho más interesante la televisión o los juegos de rol inventados para distraer. No recuerdo tanto y tengo tan poco. Recuerdo su olor al salir de la ducha. Recuerdo cómo esparcía crema por todo su cuerpo. La misma crema que después se impregnaba en mi piel al robarle un par de abrazos. Recuerdo su pelo. Su tacto suave al estar mojado, grasiento al estar seco por la espuma que se echaba siempre antes de salir de casa. Recuerdo su olor a tabaco impregnado en la ropa. Me molestaba cuando respiraba muy hondo. Pero me acostumbré. Recuerdo su pequeño tatuaje en la mano. Su pelo negro. Su sonrisa, aunque para mí fue dedicada muy pocas veces. Recuerdo sus movimientos al son del baile. Cómo movía los pies, las manos. Cómo movía la cadera al son del flamenco. Pero cuando intento escucharla debo inventarme cual era su voz. La recuerdo por momentos. Ya no sé ni qué recuerdo. Tal vez tu forma de mirarme cuando sonreía. Recuerdo tus ojos aparentando mostrar lo que no eran. Y no sé si es melancolía o sólo tristeza. O si solamente me siento solo y me doy cuenta de lo que he podido llegar a tener en vez de ver lo que otros ven. 

''Soy cual delfín nadando entre recuerdos. Sin oleaje ni mar que recorrer.''

martes, 5 de junio de 2012

Aprieta el gatillo

Día turbio donde las nubes son fantasmas que atormentan desde arriba donde poso la mirada para no ver lo de abajo. Siento el peso del cemento que me tumba hasta llegarme al pecho. La sangre no coagula. He perdido tanto aire que siento que me mareo. Las gotas de lluvia empiezan a caer sin más, sin preguntar se meten por mis ojos y recorren mis mejillas. Toman impulso desde arriba dejando mojado al tiempo. El olor del asfalto me da calma y es tan cálido. Superficial es la tranquilidad que me aporta cada rayo, cada trueno. Veo a la gente protegerse con paraguas grises, negros. Andan cabizbajos acelerando el paso caminando por debajo de balcones. Caminan mirando al suelo mojando sus calcetines a través de los zapatos, algunos con mocasines. ¿Y a quién le importa a dónde vayas o si pisas un charco? Pocos osan caminar con la cabeza alta dejando mojar sus pómulos, su frente y toda la cara. Muchos pasean otros corren, unos disfrutan otros no encuentran la armonía. Entonces llego a casa y me siento delante de la ventana en esa silla vieja que huele a madera mientras siento el olor a carretera mojada. Y ya no pasa nada, he podido encontrar la calma que necesitaba. Cojo entre mis manos el peso de mi vida y entonces lo decido que todo tiene un final. Todo se acaba. Por eso quiero que el último día sea una penumbra de sonrisas. Días de lluvia, de tormenta que a mí me alegran pero que a otros les da grima. El último rayo, la última sonrisa.